Nací en un barrio obrero en el centro de la Ciudad de México y crecí entre sus calles y mi casa, donde el arte estaba muy presente. Mi tía Andrea Gómez, pintora, grabadora, miembro del Taller de Gráfica Popular, fue la primera artista que conocí (y mi padre, quien solía abstraerse los fines de semana dibujando paisajes a lápiz). Artistas visuales y personalidades como Elekta Arenal, Elizabeth Catlett, Leopoldo Méndez, Concha Michel, Pablo O'Higgins y Mariana Yampolsky formaron parte de mi círculo familiar. Todos ellos me mostraron una realidad sociopolítica que, al mezclarse con la práctica artística, perfiló lo que vendría después.
Inicié mi educación musical en la Escuela Nacional de Música, UNAM, antes de completar estudios avanzados de composición, teoría y análisis con Julio Estrada (1985–90). Aprendí construcción y entonación de pianos de concierto en la casa Bösendorfer, en Viena. Estudié fotografía análoga y digital en tres países, y trabajé por tres años como asistente de Conlon Nancarrow en la Ciudad de México (1991–94). Estas experiencias cimentaron mi práctica en lo material y lo mecánico, más que en lo académico.
De 1999 a 2018 fui miembro consecutivo del Sistema Nacional de Creadores de Arte, en México — cuando aquello aún tenía sentido. Mi trabajo ha sido solicitado por Mosaik, LIMINAR, Vertixe Sonora y Contrechamps, y por la Americas Society, la Ernst von Siemens Musikstiftung, la Grazer Kunstverein, y otras instituciones, artistas y músicos en Europa y el Continente Americano. Mi trabajo ha sido presentado en Alemania, Austria, China, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Países Bajos, Palestina y el Reino Unido.
Me mudé a Berlín en 2003. Más de veinte años viviendo entre dos culturas, dos idiomas, entre dos registros sociales, no ha sido un problema a resolver, sino mi posición como punto de partida. El espacio al que a la vez pertenezco y no, es donde siempre me he sentido más cómodo y mejor plantado.
